Área de Orientación y Terapia Familiar
Te ayudamos a recuperar la armonía familiar y a acompañar a tus hijos en cada etapa.
La familia es el sistema en el que nos desarrollamos y encontramos nuestro principal apoyo, pero también es un sistema dinámico, expuesto a tensiones, cambios y crisis evolutivas. A veces las dificultades de uno de sus miembros afectan a todos, o se instalan pautas de comunicación que deterioran la convivencia diaria. En el área de Orientación y Terapia Familiar acompañamos a las familias en esos momentos, y a madres y padres en su tarea educativa a través de la Escuela de Padres.
En nuestro centro de Montilla abordamos la terapia familiar desde una perspectiva integradora y basada en la evidencia científica, que combina tres miradas. La sistémica analiza cómo funciona hoy la familia: su comunicación, sus normas, las jerarquías y los límites entre sus miembros. La cognitivo-conductual aporta herramientas concretas, como el manejo de la conducta, la resolución de conflictos o la regulación emocional. Y la contextual atiende a la historia de cada familia: los vínculos de apego, las lealtades y lo que se transmite de una generación a otra.
Evitamos señalar a un «miembro problema»: entendemos el malestar como parte de la dinámica familiar, lo que alivia la culpa y compromete a todos en el cambio. Tras la evaluación, acordamos los objetivos y quién participa en cada sesión, y dotamos a los miembros del sistema familiar de estrategias prácticas para modificar los patrones relacionales que mantienen el malestar y consolidar vínculos afectivos seguros, siempre desde la neutralidad y la confidencialidad.
Qué tratamos
Escuela de Padres y crianza positiva
Separación, divorcio y coparentalidad
Estructura familiar y convivencia
Transiciones y crisis del ciclo vital
Apoyo familiar en problemas de salud mental
Preguntas frecuentes
¿Tiene que venir toda la familia?
No necesariamente. Solemos empezar con una sesión con los adultos de referencia para delimitar el motivo de consulta y elaborar el genograma, un mapa de la historia y las relaciones familiares. A partir de ahí, el plan de tratamiento determina el formato: sesiones conjuntas con toda la familia, solo con los padres (el subsistema parental), individuales con el menor o con dos miembros concretos, según lo que requiera cada fase.
¿Y si un miembro de la familia se niega a venir?
La intervención sigue siendo viable. Desde la perspectiva sistémica, los miembros de una familia son interdependientes: lo que cambia uno repercute en los demás. Trabajando con quienes están motivados, a menudo los padres, se pueden modificar los patrones de relación y los límites en casa, y ese cambio suele reflejarse también en la conducta de quien no acude.
¿Cómo se trabaja con niños y adolescentes?
La intervención se adapta a la etapa evolutiva. Con los más pequeños utilizamos el juego, la externalización del problema (tratarlo como algo separado del niño, no como parte de él) y la observación de la interacción entre padres e hijos durante la sesión, para entrenar pautas en el momento. Con adolescentes priorizamos una alianza terapéutica sólida y un espacio propio, respetando su intimidad dentro de lo acordado con la familia, para favorecer su autonomía dentro del sistema familiar.
¿Cuánto dura la terapia y cómo se sabe que ha funcionado?
No hay una duración estándar: el proceso se orienta a los objetivos terapéuticos acordados al inicio. Los primeros cambios conductuales y la reducción de la tensión en casa suelen apreciarse en las primeras fases. Consideramos que la intervención ha cumplido su función cuando la familia ha integrado las herramientas necesarias para afrontar sus propias crisis de forma autónoma.