
Recurso · Logopedia infantil · Lectura de 4 minutos
Tu hijo o hija quiere contarte algo y una palabra se le atasca: repite un sonido, lo alarga o se queda bloqueado. Es fácil que te salga decirle «respira» o terminar la frase por él o ella. Es una forma natural de querer ayudar, pero hay otras que le ayudan más.
Antes de nada: la disfemia (tartamudez) no la causan los padres, no tiene que ver con la inteligencia y no se debe simplemente a los nervios. Lo que sí está en tu mano es cómo le escuchas.
1. Escucha lo que quiere decirte
Mírale con naturalidad y dale todo el tiempo que necesite. No le interrumpas, no acabes sus palabras ni le pidas que empiece de nuevo. Presta más atención a lo que te cuenta que a cómo lo dice.
2. Habla tú sin prisas
Habla con calma, con frases sencillas y cortas, y deja una pequeña pausa antes de contestar. No hace falta hablar a cámara lenta: basta con no meter prisa. Evita frases como «más despacio» o «tranquilízate».
3. Menos preguntas seguidas, más conversación
Las preguntas no están prohibidas, pero muchas seguidas presionan. En lugar de «¿Qué has hecho hoy? ¿Con quién has jugado? ¿Y luego?», prueba con un comentario: «Parece que hoy lo has pasado bien en el recreo», y espera a que te cuente.
4. Busca ratos para conversar
Un cuento, lo que ha pasado en el colegio o algo que le guste: unos minutos al día, sin pantallas ni prisas, en los que cada uno habla en su turno.
5. Cuida también los gestos
Tu cara habla tanto como tus palabras. Evita gestos de impaciencia o de desaprobación cuando se atasca. No le corrijas, no le llames la atención por cómo habla ni intentes que hable «correctamente».
6. Animar sin obligar, y sin etiquetas
Anímale a hablar y a participar, empezando por situaciones tranquilas y con personas de confianza: la idea es que se atreva, no que evite hablar. Pero sin obligarle a hacerlo delante de otras personas si no lo desea. Evita poner nombre o calificativos a su forma de hablar delante de él o ella, y pide a los demás que tampoco lo hagan.
7. Equivocarse es normal
Deja que vea que los adultos también nos trabamos a veces. Acepta su forma de hablar, con atascos o sin ellos: lo importante es que se sienta escuchado.
8. Si saca el tema o se frustra, háblalo
Puedes decirle: «Sí, a veces cuesta que salga una palabra. Te estoy escuchando». No le prometas que desaparecerá ni le quites importancia si le preocupa.
9. Que todos vayan a una
Comparte estas ideas con abuelos, hermanos y con su tutor o tutora, para que en casa y en el colegio le respondan del mismo modo y estén atentos a posibles burlas.
Lo importante no es que hable perfecto, sino que participe y se sienta a gusto al comunicarse.
Cuándo consultar con un logopeda o un servicio de logopedia
No todas las repeticiones forman parte del desarrollo normal del lenguaje. Conviene pedir una valoración especializada:
- Si notas que hace mucho esfuerzo o se tensa al hablar.
- Si evita hablar, ciertas palabras o algunas situaciones.
- Si observas que intenta evitar relacionarse con otras personas.
- Si le preocupa o le hace sentir mal.
- Si las dificultades se mantienen o van a más.
- Si hay antecedentes de disfemia (tartamudez) en la familia.
- Si tienes dudas: no hace falta esperar a que el malestar sea grande.
Estas ideas son generales. En una valoración se adaptan a tu hijo o hija y a vuestra familia.