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Ansiedad en la entrevista de trabajo: cómo evitar que tu mente juegue en tu contra

6 de octubre de 2026 · Centro Averroes

Ansiedad en la entrevista de trabajo: cómo evitar que tu mente juegue en tu contra

En una entrevista de trabajo nos evalúan, no controlamos el resultado y hay algo importante en juego. Es lógico que el cuerpo se active. El problema llega cuando esa activación, que en principio nos prepara, empieza a jugar en contra.

Esa ansiedad puede aparecer días antes, durante la conversación o incluso después. Se nota en el cuerpo: el corazón se acelera, sudan las manos, la voz tiembla o cuesta respirar. También en lo que pensamos («lo voy a hacer fatal», «me voy a quedar en blanco») y en lo que hacemos: posponer la entrevista, contestar muy deprisa para acabar cuanto antes o esquivar la mirada.

Por qué ocurre: la atención se vuelve hacia dentro

El mecanismo es el mismo que en el miedo a hablar en público. Nos preocupa cómo nos van a valorar y, al notar el corazón acelerado, lo leemos como una señal de peligro: «me estoy bloqueando».

El modelo de la ansiedad social de Clark y Wells, uno de los más utilizados en terapia, describe bien lo que pasa a continuación. En lugar de escuchar a quien nos entrevista, nos ponemos a vigilarnos: cómo suena la voz, si se nota el temblor, qué cara estaremos poniendo. Esa vigilancia consume la atención que necesitamos para escuchar y responder.

Lo que dicen los datos

Ponerse nervioso en una entrevista no dice nada de cómo trabajarás. Un estudio que siguió a personas contratadas (Schneider y cols., 2019) encontró que la ansiedad restaba algo de puntuación en la entrevista, pero apenas se relacionaba con su desempeño posterior en el puesto. Lo que suele pesar en la entrevista es lo que hacemos para protegernos de los nervios: evitar la mirada, acelerar o acortar las respuestas.

Antes de la entrevista: prepararte sin agobiarte

  • Ten preparados ejemplos reales. Tres o cuatro situaciones de tu experiencia: qué pasaba, qué hiciste y cómo salió. Aprenderse un texto palabra por palabra aumenta el riesgo de bloqueo en cuanto la conversación toma otro rumbo.
  • Prepara bien el «háblame de ti». Suele ser la primera pregunta y marca el tono del resto. Con un minuto o dos bien pensados basta.
  • Ensaya en voz alta, mejor con alguien que te haga preguntas. Decir las respuestas no es lo mismo que pensarlas.
  • Cambia «nervios» por «ganas». Intentar obligarte a estar tranquilo rara vez funciona. En un experimento de Alison Wood Brooks (Harvard, 2014), quienes se decían «estoy entusiasmado» antes de hablar en público lo hicieron mejor que quienes intentaban calmarse. El cuerpo reacciona de forma muy parecida en los dos casos; cambia cómo lo interpretas.
  • Ten un plan para el «¿y si…?». «Si me quedo en blanco, pararé, beberé un sorbo de agua y pediré un momento para retomar.»

Durante la entrevista: si te quedas en blanco

Quedarse en blanco no significa haber fracasado. Unos segundos de silencio te parecen eternos; para quien escucha suelen pasar desapercibidos o se interpretan como reflexión. Puedes beber agua o decir con naturalidad: «Un momento, por favor; quiero ordenar bien la respuesta».

Si los pensamientos se disparan, apóyate en el cuerpo: presiona los pies contra el suelo o nota la espalda en el respaldo. Te ayuda a centrar la atención en la tarea y en el momento presente, es decir, en quien te entrevista y en lo que te pregunta.

Después: no darle más vueltas de la cuenta

En consulta lo vemos a menudo, en las entrevistas de trabajo y en cualquier situación en la que nos sentimos evaluados: al salir, la persona no recuerda la entrevista entera, sino sus peores diez segundos, y los repasa una y otra vez. Eso mantiene el estrés encendido y no cambia el resultado.

Prueba a ponerle horario a la preocupación. Reserva unos diez minutos al día para anotar qué harías distinto la próxima vez, cierra la libreta y pasa a otra cosa. ¿Qué te llevas de esta entrevista para la siguiente?

¿Te cuesta gestionarlo por tu cuenta?

Si la ansiedad te frena en cada proceso de selección o te impide presentarte a puestos que te interesan, no tienes por qué afrontarlo solo ni sola. En el Centro Averroes la trabajamos desde la terapia cognitivo-conductual: practicamos cómo centrar la atención en la conversación y cómo manejar la activación cuando aparece. Puedes consultarnos cuando lo necesites.

Actualizado en octubre de 2026. Fuentes: Clark y Wells (1995), modelo cognitivo de la ansiedad social; Brooks (2014), Journal of Experimental Psychology: General; Schneider y cols. (2019), International Journal of Selection and Assessment.

Este artículo tiene una finalidad divulgativa e informativa. No sustituye una valoración profesional individualizada — si te identificas con lo que cuenta, contacta con nosotros y lo vemos juntos.