Disfunción eréctil y trastorno de la excitación en la mujer
Aunque se viven de forma distinta, la disfunción eréctil y el trastorno de la excitación femenina comparten algo de fondo: ambas afectan a la misma fase del ciclo de respuesta sexual, la de excitación, y en los dos casos el componente psicológico suele pesar más de lo que se piensa al principio.
Disfunción eréctil
Preferimos este término al de «impotencia», que además de anticuado es impreciso — no describe bien lo que ocurre. Hablamos de dificultad persistente para conseguir o mantener una erección suficiente para la penetración. Puede ser primaria, si nunca se ha logrado, o secundaria, cuando aparece después de un periodo sin dificultad; y puede darse en todas las situaciones o solo en algunas concretas, lo que ya orienta bastante sobre su origen.
Las causas se dividen en orgánicas — vasculares, neurológicas, hormonales, relacionadas con cirugías o medicación — y psicológicas: ansiedad de rendimiento, depresión, conflictos de pareja, estrés. En consulta, uno de los patrones que más vemos es el segundo alimentando al primero: un episodio puntual de origen físico o circunstancial genera miedo a que se repita, y ese miedo termina siendo la causa principal de que efectivamente se repita.
Trastorno de la excitación en la mujer
Aquí hablamos de dificultad persistente para conseguir o mantener la lubricación y la respuesta genital adecuadas, lo que puede generar molestias o dolor durante el coito, y con el tiempo, desinterés por la actividad sexual. También se distingue entre formas primarias y adquiridas, permanentes y situacionales.
Entre las causas físicas están cambios hormonales, la menopausia, la endometriosis o ciertos medicamentos. A nivel psicológico, ansiedad, culpa, dificultades de comunicación con la pareja sobre lo que gusta o no gusta, y en ocasiones un desconocimiento real de la propia respuesta sexual que nadie ha explicado nunca.
Cómo lo trabajamos en consulta
El primer paso es siempre descartar o confirmar un componente orgánico, coordinando con el médico si hace falta. A partir de ahí, el trabajo psicológico se centra en reducir la ansiedad de rendimiento, mejorar la comunicación de pareja sobre el sexo — que muchas veces es el punto más débil, más que la propia disfunción — y, cuando aplica, en educación sexual básica que nadie ha dado antes. No es infrecuente que ambos miembros de la pareja se beneficien de venir juntos a alguna sesión, aunque el síntoma lo presente solo uno de los dos.
Este artículo tiene una finalidad divulgativa e informativa. No sustituye una valoración profesional individualizada — si te identificas con lo que cuenta, contacta con nosotros y lo vemos juntos.